“La corrupción bajo sus múltiples caretas atenta contra la democracia”

Diálogo con Dr. Cristián Parker postulante al Premio Nacional en Humanidades y Ciencias Sociales 2017.

Por Dr. Pedro Canales Tapia 

· ¿Cómo surge su candidatura al premio nacional de Humanidades y Ciencias Sociales este año?

A propósito de que nuestro colega Julio Pinto ganó el Premio Nacional de Historia varios académicos, incluyendo al Rector de la Universidad, se acercaron a preguntarme si yo estaba dispuesto a postular mi nombre este 2017. Ya habíamos organizado una postulación el año 2015 (el  Premio en Humanidades y Ciencias Sociales se otorga cada dos años).

Mi respuesta fue que debíamos hacer una deliberación colectiva.  Hicimos reuniones en IDEA y a los colegas del Instituto les parecía que existían los méritos y las condiciones y que nuevamente había que presentarse. Por lo mismo accedí en el entendido que esta presentación no es sólo un asunto personal sino que mi nombre debe ser representativo de todo un esfuerzo de académicos que nos hemos jugado por el desarrollo de las ciencias sociales y las humanidades desde el retorno a la democracia en Chile.   Se convocó entonces a un comité de académicos de la Universidad de Santiago de Chile y de varias universidades del país que está impulsando esta postulación.

· ¿Cuáles son sus líneas de investigación más importantes y cuál es el impacto de ellas en el debate actual?

Yo me he dedicado a varios temas durante mi trayectoria académica y de investigador, pero siempre digo que hay dos líneas de fondo que son las preocupaciones centrales. Por una parte la sociología de la cultura y de la religión, que es la línea en la cual creo que soy más conocido, y por otra, la sociología del desarrollo. Esta es una línea que tiene más que ver con problemáticas que son decisivas para pensar el futuro de Chile, como el desarrollo humano y la democracia; el desarrollo indígena; la superación de la pobreza;  el desarrollo científico y tecnológico y últimamente el medio ambiente y el desarrollo sustentable.

En ambos casos la línea de análisis sociológico se centra en ver qué sucede con los actores sociales, sus escenarios de interacción y sus representaciones sociales. Ello en la perspectiva del cambio social y de alcanzar desarrollos más humanos y alternativos. Lo que, dicho de otra manera, es un análisis desde la sociología de la cultura acerca de la construcción del sentido en sociedades complejas en vías de desarrollo con problemas de inequidad, violencia, injusticia. ¿Cómo la religión ofrece sentido a la gente y qué los mueve a actuar en base a su fe? ¿Cómo las personas y actores sociales se representan el medio ambiente, el cambio climático y la transición hacia energías renovables y qué los mueve a ser menos o más respetuosos e interactivos con la naturaleza (y los ciclos de la ecología) en sus prácticas cotidianas, institucionales y colectivas? ¿Cómo intervienen los factores culturales, éticos y étnicos en la pobreza y su superación, en la visión acerca de la ciencia y la tecnología, en la construcción de la ciudadanía democrática? ¿Cómo avanzar en una sociedad intercultural que promueve el desarrollo de todas y todos?

Mis trabajos sobre religión popular en Chile y América Latina, sin duda, han tenido mayor impacto porque han alimentado la reflexión y la investigación acerca de un tema que usualmente era descartado en base a una visión secularizante y elitista que prejuciaba las formas religiosas de los pobres. La revalorización de las tradiciones populares es clave para entender la agencia de esos actores sociales, lo cual ha sido y es objeto de debates en los cuales mis planteamientos han incidido.

· En cuánto a su trabajo como formador ¿Cuáles han sido sus prioridades y énfasis a la hora de enseñar a postgraduandos y estudiantes en general?

Antes que nada, debo decir que creo que las humanidades y las ciencias sociales son ocupaciones intelectuales y profesionales muy relevantes para el desarrollo humano y la democracia. Vivimos un tiempo donde el mercado, el pragmatismo y la tecnocracia tienden a imponerse deshumanizando la convivencia. En este contexto la recuperación de las humanidades y las ciencias sociales en este período post-dictadura ha sido una prioridad hacia la cual he tratado de aportar, modestamente.  Por ello estuve en primera línea en la fundación de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, centro que durante sus años previos había sido el espacio de libertad para el desarrollo de las humanidades y ciencias sociales.  Luego opté por incorporarme a una de las universidades estatales más importantes del país que además tiene un marcado sentido de responsabilidad social, la Universidad de Santiago de Chile.  Pero no contento con esto he buscado aportar en la formación en dos instituciones que son vitales para la República: la Academia Diplomática formando diplomáticos y la Academia de Guerra, en su programa de Historia Militar y Pensamiento Estratégico, ofreciendo apoyos en formación metodológica.

En el Instituto de Estudios Avanzados es sin duda donde más he aportado en el programa de Doctorado en Estudios Americanos y en varios de sus Magister. Siempre mi acento en la labor docente ha sido contribuir al desarrollo de un espíritu crítico, al desarrollo de los estudios y la investigación por motivaciones humanistas y considerando una epistemología comprensiva; al disciplinamiento metódico y sistemático en el tratamiento de los objetos de estudio; al abordaje de cuestiones que sean de relevancia en la perspectiva de la ciencia social humanista y el desarrollo sustentable.         

· ¿Cómo observa al Chile actual? ¿Cuáles son los desafíos que Ud. vislumbra en el horizonte para nuestro país?

Chile vive un período de incertidumbre, marcado por la crisis de representación política y la ausencia de programas que se proyecten en el largo plazo.  No creo, sin embargo, que estemos viviendo un período de crisis general y en eso soy optimista. Pero hay cuestiones de fondo que debemos tomar en cuenta y que nos deben alertar para un cambio profundo, me refiero a la corrupción que bajo sus múltiples caretas atentan contra la democracia: desde Penta, Soquimich y Caval  hasta los Milicogate y el caso reciente de carabineros, pasando por las colusiones.  Este país está cooptado por un ethos consumista que lo nubla todo y la búsqueda del enriquecimiento y del poder pervierte la lógica de acción y comienza a justificar todos los medios. Más allá de las cuestiones de coyunturas electorales y de los próximos gobiernos hace falta una visión de futuro. 

Este país ha cambiado en los últimos quince años de manera drástica por las nuevas tecnologías de la información y comunicación, por la revolución de la clase media, el consumismo y al vehículo particular, por la masiva llegada de migrantes, por el cambio drástico de la pirámide demográfica, por la no solución de las demandas indígenas, por la mantención de las inequidades,  por la pluralización de las opciones de género, generacionales, culturales, por el pluralismo religioso, etc. y seguimos actuando como si nada pasara o como si las soluciones fuesen cosa fácil.  

Pero el cambio climático es lo que nos tiene en jaque y seguimos actuando como si no fuese grave.  Las catástrofes en nuestro país se incrementarán y seguimos pensando que no tenemos nada que ver con al cambio global. Si no reciclamos y evitamos incrementar las emisiones contaminantes, si no adoptamos medidas que eviten el sobreconsumo, este país será de los que más contribuya al Cambio Climático en América Latina.

Hace falta un cambio de mentalidad, una “revolución cultural” (ya lo dijo el mismo Papa Francisco en su Encíclica Laudatio SI) para cambiar el rumbo que lleva esta civilización y salvar el planeta. En Chile estamos muy lejos de esto.   

Adhiere a la candidatura demostrando tu apoyo.